Frase

"No te empeñes en curar tu enfermedad; tu enfermedad viene a curarte" Carl Jung

Estructura multidimensional del ser humano.


Dra. María Fuentes Caballero. Col. 6974.
Directora del Centro de Salud Artemisa. Arcos. Cádiz
Fundadora y ex Directora de la Escuela Salud Holística Consuelo Ruiz. España
Fundadora, y miembro de la Asociación Profesional española Nacer en Casa.España.
Fundadora del equipo Titania, dones per la salud. Barcelona
Fundadora de Tascó, coop salud y cultura.Barcelona.
Fundadora de la Liga por la libertad de vacunación.España
Miembro de la red de mujeres sanitarias española Red Caps.España
Miembro del equipo asesor de la revista especializada en salud y género: Mujer y salud.España
Miembro de la Asociación profesional Española de médicos homeópatas.
Miembro de la Asociación profesional Andaluza de médicos homeópatas.Andalucia
Autora y traductora de diversas obras especializadas sobre salud.Ed.Icaria.


ESTRUCTURA MULTIDIMENSIONAL DEL SER HUMANO.
LAS TERAPIAS Y SU ACCION SOBRE CADA ESTRUCTURA

La belleza del cuerpo comprende, como es natural, la salud, y envejecer significa también perder esa belleza. Visto bajo ese aspecto, el cuerpo que se tiene pasa un punto culminante de perfección, luego empieza a declinar, para llegar finalmente a la muerte.

La conciencia corporal del hombre iniciático (leer “en camino de evolución”) es de otro orden. Está en relación con la transparencia. Es, en gran parte, independiente del concepto tradicional de salud física, juventud y eficacias profanas. Una trasparencia muy marcada depende de factores diferentes a los que actúan sobre la salud puramente física. En la trasparencia, la curva de la vida no desciende necesariamente con la vejez. Es posible que siga siendo ascendente hasta la muerte. La fealdad amenaza a la persona que envejece sin haber seguido un camino de evolución y desarrollo interior, o que lo ha querido ignorar siempre. Es la que sufre por su edad y siente amargura. Avanzar en el camino de la trasparencia embellece al rostro y da serenidad a los años. Toda práctica del camino iniciático- o camino evolutivo- es un ejercicio del cuerpo que se es, un ejercicio cuyo fin es crear aquellas condiciones que permitan a ese cuerpo hacerse trasparente al ser esencial. La práctica hace posible dos cosas: presentir, incluso sentir, a través del lenguaje del cuerpo nuestra esencia inmanente, y en ella al Ser sobrenatural; y dar a esa esencia la oportunidad de tomar, en el cuerpo que se es, la forma que corresponde a nuestra imagen connatural.

“Iniciar un camino de evolución y transformación interior implica siempre un cambio tras el que se reconoce el cuerpo como instrumento de la trasparencia. Para progresar en el camino iniciático es indispensable una atención crítica con respecto a esta trasparencia a la que nuestra vocación nos destina. La conciencia corporal orientada hacia este camino debe decidir sobre las exigencias físicas compatibles con la trasparencia del cuerpo que se es. Esta misma conciencia marca el ritmo de sueño y vigilia, lo que se debe comer y beber, así como la cantidad y la forma de las actividades físicas. Sobre todo esto no existen normas rígidas. Quien emprende el camino debe él mismo adaptar, con flexibilidad, su conducta corporal a la etapa en la que se encuentre, y el umbral que debe atravesar para llegar al siguiente grado.”

Después de este texto de nuestro amigo Durckheim, lo que resta es casi sencillamente, ampliar un poco los detalles.

Como contraposición al concepto de “cuerpo” de la cultura tradicional- reflejada en la Medicina “Ciencia que estudia el estado de salud y enfermedad del ser humano”-, y que se traduce en la definición de SALUD:”Ausencia de enfermedad. Media estadística entre estados que pueden variar de un individuo a otro, de un día a otro”. Y también el de ENFERMEDAD: “Alteración o ausencia de salud”, en los términos más literales y científicos. Como contraposición, decía, a esos términos, y acercándome a la concepción del ser humano que describe Durckheim, prefiero definir la SALUD como “Estado de armonía del organismo, que se caracteriza por el reparto equilibrado de energías dentro del mismo, permitiéndole vivir, crecer y desarrollarse como entidad somática, y conocerse, aceptarse y transformarse como entidad psíquica y espiritual”.

Es por ello por lo que se me hace necesario partir de un esquema de trabajo basado en la enumeración y descripción de las estructuras que se conforman al ser humano, de su posible funcionamiento, por separado y en inter-relación, en un intento de comprender cuales son los mecanismos y factores que intervienen en el desarrollo de la persona. Todo ello, como base para intentar, a partir de esa comprensión, tomar conciencia de nuestra responsabilidad sobre dichos factores, y por lo tanto sobre nosotros mismos, así como de nuestras posibilidades de transformación profunda en un sentido evolutivo.

El esquema se traduce en cuatro conceptos básicos:
- CUERPO FÍSICO o Estructura “Mineral”.

- CUERPO ENERGÉTICO o Estructura energética que da lugar a la Vida orgánica y funcional.

- CUERPO PSÍQUICO-ASTRAL o Estructura Emocional y anímica.

- CUERPO ESPIRITUAL o Ser esencial y trascendente.

Partiendo de cado uno de ellos, intentaré explicar de modo somero su posible funcionamiento, factores que intervienen el él y como se interconexionan entre ellos, llegando así a la hipótesis sobre cómo es posible intervenir en la modificación de cada uno de ellos, y por lo tanto, de la globalidad del ser humano.

CUERPO FÍSICO

Es el cuerpo de materia densa. Sobre él se basan prácticamente todas las explicaciones, teorías, hipótesis, tratamientos, etc., de orden médico, biológico, anatómico, fisiológico, en fin, de las disciplinas científicas actuales, que lo conciben como algo mecánico, o todo lo más, como una perfecta máquina en la que los procesos de tipo físico y bioquímico explicarían todas sus funciones, dirigidas a su vez por una especie de “laboratorio” o computador central que sería el cerebro, al cual obedece el resto del cuerpo.

Efectivamente, no es posible dejar de lado la importancia indiscutible de la existencia del cuerpo como estructura física. Él nos permite no sólo percibir al mundo, sino que es el vehículo de nuestro propio ser, y por lo tanto el mejor instrumento del que disponemos para transformarlo.

Sin embargo, si procedemos a un estudio exhaustivo y analítico de los componentes de esta estructura, comprobamos que está hecha con los mismos componentes que conforman al reino mineral o inanimado: Hidratos de carbono, o Azúcares, Proteínas o Moléculas complejas de compuestos aminados, Lípidos o Grasas, Vitaminas, Sales minerales, Agua.

No obstante, estos componentes, es evidente que nuestro cuerpo es algo “animado”, vivo, con una serie de funciones vitales (formación del feto-nacimiento, crecimiento-metabolismo), todo lo que en definitiva conformaría las funciones propiamente biológicas, y que van mucho más allá de una pura estructura mineral. Estas funciones no pueden ser explicadas sólo a partir de los citados componentes, es por ello que es necesario profundizar en otro concepto que intente dar esa explicación. Más tarde lo desarrollaremos como el Cuerpo de Energía, o Energía Vital, o en términos esotéricos, Cuerpo Etérico.

Pero antes, aún es necesario detenerse en la importancia de las cualidades de esos componentes minerales, o “material de construcción” que de forma al “edificio” que es nuestro cuerpo. En este sentido, es evidente que la calidad de ese “edificio” va a depender fundamentalmente de la calidad y cantidad de los materiales de construcción de los que se nutra. Y a su vez, en función de su calidad, va a estar más o menos en condiciones de servir como vehículo te transporte del ser trascendente.

Estos materiales de construcción se introducen en el organismo fundamentalmente a través de la alimentación. Es una de las razones por la que me parece importante hacer atención especial a este factor de nuestra vida. No es mi propósito en este momento profundizar sobre las características de una alimentación equilibrada y armoniosa. Es un tema extenso, que abordaré posiblemente en otro momento con más extensión. Pero es preciso enumerar al menos, los factores a tener en cuenta para valorar si la alimentación es conveniente:

1.- Equilibrio entre las proporciones entre los diferentes “principios inmediatos”, o materiales de construcción.

2.- Calidad de los mismos (animales, vegetales, biológicos o no, frescos, procesamiento industrial, calidad del terreno y cultivo, etc, etc.).

3.- Procesamiento y preparación (tipo de material de cocina, proceso de cocción, lavado, cortado, etc.).

4.- Si son específicos de nuestra especie (características diferenciales a nivel anatomo-fisiológico entre carnívoros, herbívoros, granívoros, frugívoros).

5.- Compatibilidades entre ellos (fundamental en el proceso de digestión, asimilación y consecuencias posteriores).

6.- Modulación, según edad, temperamento, actividad física o intelectual, temperatura, situación geográfica, enfermedades, gustos, ambiente, fatiga, etc.).

7.- Nivel de vitalidad, aunque este factor estaría a caballo entre el cuerpo como entidad física y el cuerpo como Energía Vital. La vitalidad de los vegetales le proviene fundamentalmente de su contacto directo con la Energía solar o luminosa.

Más adelante, volveré de nuevo a retomar la alimentación para explicar otros niveles de funcionamiento.

Sin embargo, de momento, esto sirve para explicar la importancia del sustrato puramente físico en nuestro ser. Cuanto más nos aproximamos a las características idóneas de nuestra alimentación, más cerca estaremos de que el “cuerpo que se tiene” sea “trasparente” y “cuerpo que se es”.

CUERPO ENERGÉTICO

Un cuerpo vivo y otro muerto tienen los mismos componentes físico-químicos, la misma estructura, la misma- o parecida- apariencia exterior, y sin embargo, uno está vivo y desarrolla como tal las Funciones Vitales (nacimiento, desarrollo, reproducción,...) y el otro no. Es el concepto de Energía Vital lo que nos puede ayudar a explicar esta diferencia. He aquí una definición “higienista”: “La Fuerza o Energía Vital o más simbólicamente, la Naturaleza, expresión del cosmos infinito, organiza toda forma de Vida del planeta, poniendo a disposición de cada ser vivo los elementos indispensables para el nacimiento y conservación de la vida”. Es decir, es aquella fuerza que permite utilizar los materiales, citados anteriormente, de modo que pueda transformarlos, a través de las diferentes funciones vitales, en parte VIVA, ya sea célula, como estructura viva y organizada, tejido, órgano, aparato, u organismo humano, vegetal o animal, en sus diferentes niveles de organización.

De este modo, la materia inerte, estática, inanimada, se transforma en materia viva, dinámica, animada de una energía que le permite no sólo modificarse y transformarse, y reproducirse a ella misma, sino también actúa como instrumento de transformación exterior. Es el hecho biológico como expresión y prolongación de la vida, que es transmitido de generación en generación a través de la célula germinal que determinará la forma y estructura de ese ser vivo. Esta fuerza vital no es fácil que sea percibida por el ser humano. Es solamente a través de las transformaciones a nivel inorgánico (materiales de construcción), que podemos percibir estas variaciones.

Parece ser que solamente desarrollando nuestras facultades de percepción extrasensoriales o “imaginativas” podríamos percibirlas. Esta fuerza vital, o energía biológica, es lo que los esotéricos llaman CUERPO ETÉRICO, que según la explicación de las medicinas y filosofías tradicionales orientales, tiene una estructura definida formada por canales energéticos o meridianos de energía que recorren todo el cuerpo, y que actúan como el vehículo a través del cual es transportada la energía. Este cuerpo es el conforma la estructura del cuerpo físico y mantiene su cohesión, modificándolo positiva o negativamente, en función de la calidad y cantidad de energía de que disponga, y del estado de estos “canales energéticos”. Estos canales energéticos corresponden en cierto modo con lo que a nivel físico sería el sistema nervioso. Asimismo, en ciertos puntos a lo largo de estos canales hay unos determinados centros de energía o “chakras”, que se corresponderían a nivel físico con lo que se conoce como sistema endocrino (Tiroides, Hipófisis, Suprarrenales, Gónadas, etc,...), y en los que la entrada y salida de energía actuaría de un modo mucho más agudo.

Este cuerpo energético pone en contacto entre sí a todo el organismo, de modo que órganos aparentemente aislados o distantes entre sí, pueden estar estrechamente ligados en su funcionamiento de modo que si el canal que pasa a través de ellos está bloqueado por algún motivo, los dos estarán afectados, o bien si uno de los dos no realiza bien su función, provoca que el otro también se altere. Esto explica toda la teoría de “Reflexología” (podal, iris, rostro, etc.), así como los tratamientos “a distancia” típicos de algunas de las medicinas alternativas- o más bien de las medicinas tradicionales recuperadas-.

Así como el cuerpo físico se nutre de compuestos materiales para construir y mantener, y reproducir el “edificio”, el cuerpo etérico-energético tiene también su fuente de nutrición, a través de las diferentes energías sutiles:

- Aire (a través de la respiración y el contacto).

- Energías electromagnéticas del agua, la tierra, el sol, sonido, movimiento, color, y otras que posiblemente no conozcamos.

El correcto o incorrecto funcionamiento, pues, de este cuerpo dependerá:
- De la cantidad y calidad de las energías citadas.
- Del estado de nuestros canales energéticos, como vehículo de dicha energía.
- Del contacto que el ser humano establezca entre él y dichas energías.


Este cuerpo energético está también presente en otros reinos de la naturaleza, como el vegetal y el animal (lo que explica los sorprendentes fenómenos que se han ido constatando en el mundo de las plantas, y que hace que se les comience a considerar como seres “sensitivos”). Sin embargo, y haciendo de nuevo alusión al concepto del comienzo de la diferenciación entre el “cuerpo que se tiene” y el “cuerpo que se es”, este nivel de funcionamiento sólo alcanzaría a explicar la existencia del cuerpo que se tiene. Es decir, el cuerpo como estructura biológica-mecánica, que está al servicio del cuerpo que se es, el cual lo utiliza como instrumento. Es por ello que se nos hace indispensable seguir profundizando y adentrarnos en “el cuerpo que se es”...

CUERPO PSÍQUICO

El cuerpo psíquico, en otros términos el cuerpo emocional, la “psique” de los griegos, el ánima, o el alma para los cristianos, cuerpo astral en la tradición esotérica, (o para los familiarizados con los “cursos evolutivos” el Ego artificial, o personalidad. También para los familiarizados con “Casanova” la dimensión que ellos llaman la “cultura del ser”).

Efectivamente, nada de lo que ha sido explicado en los capítulos anteriores nos permite comprender dónde y cómo se puede explicar una emoción humana, un sentimiento, un comportamiento. Ningún área cerebral es capaz de explicar por sí misma la existencia de esos fenómenos, ni los canales energéticos. Son, eso sí, el vehículo de éstos. Es decir, el cuerpo energético actuaría como un intermediario entre el cuerpo psíquico y el físico. Es por ello que se considera al sistema nervioso como protagonista del proceso psicológico. Sin embargo, no hay que olvidar que es sólo su mediador- a través de los meridianos de energía-, y la materialización de éste a nivel físico.

Así como la energía vital se puede considerar como una fuerza activa, la contraposición de ésta sería la fuerza pasiva de receptividad, que hace posible interiorizar y de algún modo “acumular” en nuestro interior todo tipo de experiencias, traducidas por nosotros como sensaciones, sentimientos, afectos, emociones procedentes del exterior y que son las que van conformando a lo largo de la vida- juntamente con nuestra propia elaboración- lo que será nuestra personalidad. Extenderse aquí sería introducirse de lleno en el campo de la psicología. Es algo que puede hacerse más adelante, y de lo que se pueden sacar seguramente datos muy esclarecedores. Pero en este momento basta con “situarnos” con respecto a este cuerpo emocional.

Este cuerpo astral, es pues el que hace posible la respuesta ante un estímulo sensitivo, la simpatía, el conflicto, los celos, los instintos, y todo el enmarañado y tramposo mundo de las emociones- y que demasiado frecuentemente confundimos con el ser-. Es preciso aclarar, que este cuerpo astral también lo poseen los animales, mientras que no lo tienen los vegetales. Si observamos a los animales, vemos que también ellos tienen su “registro” y respuesta de emociones, afectos, instintos, etc., mientras que las plantas sólo cuentan con un funcionamiento de tipo “energético” o vibratorio.

Aunque ya ha sido mencionando someramente, hay que dejar claro, que así como los cuerpos físico y energético tienen un tipo de “alimento” concreto y específico, también el cuerpo astral podemos decir que tiene su “nutriente” básicamente en el mundo de las emociones, vivencias, etc.

También por las características propias de las energías pasivas interiorizadoras el cuerpo astral tiende a crear órganos huecos sensibles, sobre todo a la acción del oxígeno (Ej. El Hipotálamo es extremadamente sensible al exceso de oxígeno). Es decir, que podemos considerar como alimentos básicos del cuerpo astral:
- La vida emocional.
- El oxígeno.

Sin embargo, aún no queda completamente explicado el funcionamiento del ser humano. Acabamos de decir que el animal también dispone de un “cuerpo emocional”, al que se haya sujeto, y que le hace reaccionar instintivamente, sin embargo, es incapaz de actividad intelectual creadora. Reacciona prácticamente como un mecanismo de estímulo- respuesta, sin posibilidad de desligarse del exterior, completa y absolutamente ligado y condicionado por éste, sin libertad, sin CONCIENCIA.

No es así en el ser humano- o no debiera serlo-, ya que en nosotros pude darse un proceso de “lógica”, que nos permite analizar, imaginar, crear, abstraer, sacar conclusiones, etc. Esta capacidad, responde pues a otro tipo de estructura.

CUERPO ESPIRITUAL

También Conocido Como el YO, la CONCIENCIA, el SER racional (en los términos de Casanova “el ser del ser”), es en realidad la única estructura propia y específica del ser humano. Es lo que le permite al ser humano verse a si mismo, tomar distancia con respecto a sus sentimientos y emociones, no identificarse, ser consciente de su propia realidad y naturaleza, e incluso llegar a modificarla. Es lo que le da su capacidad creativa, y le permite actuar, sentir y pensar desde si mismo, sin puntos de referencia exteriores, con libertad. Permitiéndole de este modo superar sus propios condicionamientos de orden físico, energético, y sobre todo psicológico (trascendencia de su problemática a nivel del ego artificial, de su historia personal, de sus condicionamientos ambientales y culturales).

Aunque en sí mismo, este cuerpo no está sujeto a las leyes espacio-temporales, el hecho de estar encarnado a través de los tres cuerpos citados anteriormente, le hace estar condicionado a estas leyes. Sin embargo, conserva siempre la posibilidad de ir superando y trascendiendo estas limitaciones.

Es finalmente, el centro del “cuerpo que se es”. El punto de referencia único de nuestro ser que tiene características espirituales. Capaz de conocer, comprender, analizar, valorar y transformar la realidad. Y ser autónomo con respecto a ella. Los cuerpos anteriormente descritos sólo tendrían sentido como instrumentos de los que el ser esencial se dota para experimentar y realizarse en este ámbito de existencia.

No es tampoco el objetivo de este trabajo analizar profundamente este cuerpo, ni tengo datos suficientes para ello. Por esto, y porque es una de las estructuras menos desarrolladas y conocidas, es incluso difícil clarificar cuál sería el elemento del que se nutre este cuerpo espiritual.

Baste por el momento decir que el desarrollo de este cuerpo estaría directamente relacionado con el desarrollo del pensamiento como actividad creadora (no como “evocadora de imágenes”, prejuicios, etc. = Mental Inferior), unido al desarrollo de la capacidad amorosa, no como emoción o energía de atracción-repulsión, sino como actitud de entrega y receptividad consciente e inteligente. Y plasmado como acto concreto. Es decir, con la intervención de los tres centros fundamentales (Pensamiento, Amoroso y Volitivo).

INTERRELACIÓN ENTRE LOS DIVERSOS CUERPOS. ALTERACIÓN Y REGULACIÓN DE SU FUNCIONAMIENTO

Una vez introducidos estos conceptos, la descripción superficial de estos cuerpos, su funcionamiento y factores que intervienen en él, se hace necesario explicar de un modo más preciso las interrelaciones entre ellos, de modo que nos permitan comprender de modo más global nuestro funcionamiento, así como los trastornos o patologías del mismo, y finalmente, el modo de intervenir para recuperar el equilibrio del ser global. Es aquí donde inciden directamente las diversas técnicas terapéuticas que se utilizan, o dónde pueden incidir.

Para comprender de un modo sencillo esta interrelación, veo muy válida la visión de Durckheim sobre la trasparencia del cuerpo que se tiene para dejar que se trasluzca o poderse conectar con el cuerpo que se es.

Para que esa trasparencia pueda alcanzarse o mantenerse sería necesario:
- El buen funcionamiento del cuerpo físico.
- El funcionamiento fluido del cuerpo energético.
- La trasparencia del cuerpo psíquico.

1.-El buen funcionamiento del cuerpo físico.
Hemos ya mencionado anteriormente que depende del tipo de alimentación, pero si lo consideramos también como el sustrato sobre el que se manifiestan a su vez el cuerpo energético y el emocional, por lo tanto, si aceptamos que está “ligado” a otro tipo de estructuras, hay que ir más allá. Es decir, hay que aceptar pues, que un trastorno de tipo emocional, por ejemplo, se registre a nivel psíquico (por una percepción negativa de las cosas, una mala asimilación de una experiencia, o una imposibilidad de reaccionar ante ella), esto provoque un bloqueo de canal energético- trastorno nervioso y endocrino-, y a su vez esto se traduce en un exceso de energía en una zona concreta del organismo, y un defecto en otra. Físicamente, esto puede manifestarse como un cúmulo de materia a ese nivel, o una destrucción de la misma. Por tanto, aquí vemos que, al margen de la influencia de los materiales de construcción para dar una apariencia u otra al cuerpo, pueden aparecer transformaciones y patologías a nivel físico que tengan su origen a otros niveles. Esto explicaría el que no se encuentren fácilmente a nivel físico las causas de muchas de las patologías actuales (cáncer, diabetes, y muchas otras enfermedades degenerativas).

Por otro lado, y a nivel estrictamente físico, hay que anotar una serie de factores que influyen directamente sobre el mismo, y sobre otros cuerpos:

1.1.- Alimentación “acidificante” (suele ser la que predomina en Occidente en este momento), que repercute directamente acidificando la sangre y provocando la creación de depósitos tóxicos sobre el tejido muscular, que la dan una consistencia rígida, reforzando de este modo posibles contracciones ya existentes, o favoreciendo que éstas se creen. Esto a su vez, repercute, por constricción de los vasos y nervios que irrigan e inervan determinada zona, con lo cual se está favoreciendo un estancamiento “energético” y sanguíneo, con repercusiones orgánicas.

1.2.- Falta de Sales Minerales provocadas por:
- Falta de ingesta (dieta tradicional).
- Falta de asimilación (problema de orden endocrino-energético).
- Exceso de gasto (por hiperactividad del “intelecto”,= chicharreo).

1.3.- Alimentación tóxica o ingestión de tóxicos farmacológicos o de otro tipo.

1.4.- Asimilación excesiva de residuos tóxicos por descompensación del sistema metabólico de asimilación-eliminación.
Todo ello lleva a un estado general desequilibrado de “toxemia” o “embotamiento” de la estructura del cuerpo físico que le impide cumplir su función de vehículo “trasparente” del ser esencial.
Formas de incidir sobre estos factores:

1.1.- A partir de una dieta equilibrada que responda a las necesidades propias de cada uno en cada momento de su vida. Eso será definitivo para no crear esos cuerpos tóxicos en exceso.

1.2.- Una vez esos depósitos tóxicos están acumulados de forma más o menos evidente (puede haber enfermedad manifiesta sólo latente), es posible disolverlos sólo a partir de auto-disolverse. Ese es el proceso que se da a partir de una dieta hipo-tóxica o depurativa, o bien por medio de un ayuno como método más radical.

2.- El funcionamiento fluido del cuerpo energético.
Depende por un lado de lo dicho anteriormente en el orden físico, por otro lado del desbordamiento o carencia de “mensajes” que provengan del cuerpo psíquico, también mencionado anteriormente.

Por último, con lo que respecta concretamente al cuerpo energético, depende de:

2.1.- El contacto, o falta del mismo, con las energías cósmicas (vida artificial, alejada de la fuente más directa y limpia de estas energías).

2.2.- Incapacidad de una buena respiración (por problemas de orden psicológico o físico).

2.3.- Estado de los canales energéticos (posibles bloqueos originados a nivel psíquico, y/o ayudados a nivel físico).

Formas de incidir sobre estos factores:

2.1.- Favoreciendo el contacto con dichas energías cósmicas.

2.2.- Favoreciendo una buena respiración (trabajo a nivel psicológico, desbloqueando emociones, y a nivel físico a través del ejercicio). A este nivel actuaría la biorespiración- que desarrollaré más adelante-, bioenergética y otras terapias que trabajan con la respiración.

2.3.- Desbloqueando o “desatascando” los canales energéticos a partir de:

- La manipulación directa (Do-in, Shiatsu, Acupuntura, Reflexoterapia, etc...).

- Las vibraciones sutiles (Canto, Música, Color, Olor, etc.)

3.-La trasparencia del cuerpo psíquico.
Depende del buen funcionamiento de los dos anteriores, como ya se ha explicado, de la luz que le llegue del nivel superior o espiritual, y en cuanto a lo que respecta a su propio funcionamiento. En este sentido depende de:

3.1.- Tipo de experiencias y percepciones habidas en la infancia- historia personal.

3.2.- Capacidad o incapacidad de comunicación de las diferentes vivencias y emociones, bien sea por temperamento, bien por condicionamiento cultural.

El mal funcionamiento a estos dos niveles implica una fijación y defensa de tipo neurótico, que se suma a una fijación de tipo muscular (vía cuerpo energético), lo cual conforma la estructura de la personalidad y el carácter (“coraza” en términos reichnianos, ego artificial en términos del curso evolutivo), y también una estructura corporal determinada, que explicaría la relación entre ciertos rasgos fisionómicos y el comportamiento. Huelga hablar de nuevo de las repercusiones a nivel físico y energético de esta situación.

Forma de incidir sobre estos factores:

Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, y lo dicho en la descripción del cuerpo psíquico en cuanto a que se alimentaba de oxígeno, podemos incidir sobre él:

3.1.- A partir de una oxigenación adecuada en calidad, cantidad y momento. Lo cual, llevado al terreno de la terapéutica se traduce en terapias que favorecen este hiper-oxigenación de modo adecuado (lo cual es difícil de dilucidar), así como también a través del ayuno y la dieta atóxica, ya que los dos favorecen la hiper-oxigenación de modo natural y espontáneo.

3.2.- A partir de terapias que permitan analizar y visualizar un pasado negativo, así como reconocer el tiempo y el espacio en el que se vivieron, de modo que puedan situarse interiormente y permitan romper a irrealidad de una conducta neurótica.

3.3.- A partir de la “evacuación” de viejas emociones reprimidas, o mensajes contenidos, por medio de terapias psicológicas, y en su caso, también el ayuno favorece de modo espontáneo ese proceso.

3.4.- A partir de intentar transformar los mecanismos de percepción y emisión de las emociones, con una modificación del comportamiento. Es también a este nivel que actúan las terapias de tipo analítico, trabajo evolutivo, y también el ayuno.

Finalmente, llegamos al cuerpo espiritual de nuevo. Y sobre él no es posible- o más bien no es prudente- analizar tan detalladamente. Y evidentemente, tampoco es tan accesible. Sólo nos queda el saber que, en la medida que hagamos “trasparentes” todos los anteriores, dejaremos que se manifieste. Y tal vez es suficiente. Recordad, los que estáis familiarizados con ello, lo de la conciencia como una luz que debe poder atravesar el triángulo. Hacer trasparentes los tres cuerpos citados equivaldría a la equilateralización del triángulo, y por lo tanto la posibilidad de que la luz de la conciencia fluya.

De nuevo recordar, que además de eso sólo contamos con una energía y posibilidad auténtica, real, pero deformada psicológica y culturalmente: la energía amorosa.

Como amor inteligente, sentido y expresado en acto creador y libre de todo condicionamiento intelectual, cultural, psicológico o de cualquier otro orden. El amor gratuito .

Y cómo no, el desarrollo positivo de nuestra actividad pensante, de modo que vaya convirtiéndose en instrumento válido y limpio, de discernimiento del sentimiento. Y en motor activo y creativo del proceso del pensamiento.

Quiero pasar a continuación a explicar muy someramente cómo actúan cada una de las técnicas que yo trabajo y a qué niveles.

BIORESPIRACIÓN
Es una técnica que incide fundamentalmente en el cuerpo anímico a través del cuerpo etérico, y como consecuencia, sobre el resto. A través de una hiperventilación forzada artificialmente, se provoca un aumento de oxígeno en sangre, produciendo ya de este modo una sensibilización del cuerpo etérico (la sangre es considerada como vehículo de éste), por tanto, éste aumenta su capacidad de transmitir las emociones provenientes del cuerpo psíquico, y que han estado bloqueadas largo tiempo. A su vez, al proveer a éste último de oxígeno, se desatan mecanismos de desbloqueo de viejas vivencias. Esto se realiza a través de la sensibilización del “cerebro emocional”, manifestado a nivel cerebral por el hipotálamo, órgano especialmente sensible al oxígeno, y que se estimula tanto por un aporte de oxígeno a través de la respiración, como por el aporte que supone la alcalinidad de la sangre. Esta alcalinidad depende a su vez, de un aporte suficiente de sales minerales y alimentos atóxicos. Así, cuando nuestra alimentación tiene una sobrecarga de tóxicos o de cuerpos ácidos (azúcares refinados, cereales, carnes, etc.), la sangre se acidifica, y eso disminuir la capacidad sensitiva tanto a la recepción como a la respuesta del cerebro emocional. Esto sería una de las cosas que explicarían como funciona el exceso de alimentación, sobre todo tóxica, como mecanismo de compensación de las ansiedades.

Así pues, cuando ponemos en marcha este mecanismo de hiperventilación, provocamos respuestas a nivel emocional (recordando viejos dolores ya sea a nivel de imágenes, ya sea como recuperación de viejas emociones contenidas), y también a nivel tensorial, por medio de dolores a nivel muscular, rampas, tetanización, etc., que no son más que la “recuperación” de antiguos gestos o corazas musculares que han actuado como bloqueos largo tiempo.

De este modo, descongestionamos los posibles bloqueos a nivel de canales energéticos y accedemos al cuerpo emocional, liberándole de viejas cargas, y dándole la posibilidad de visualizar situaciones irreales, y motivar un trabajo más a fondo para ir a las causas de esta sobrecarga y evitar que continúen actuando los viejos comportamientos negativos, causa de una gran parte de enfermedades y desequilibrios.

Es posible ver claramente que esto se traduciría por una transformación tanto a nivel físico, como energético, como de comportamiento que llevaría a aumentar la posibilidad de “transparentar” al ser esencial, y por tanto de acercarse a él.

SHIATSU- DO-IN
Les reúno en un solo capítulo porque se basan en los mismos principios, y tienen efectos parecidos (exceptuando los que se pueden derivar del hecho de que en uno interviene sólo tu energía y en el otro la energía de dos personas).

Los dos se basan en la existencia de los 14 meridianos fundamentales de energía, y sus innumerables secundarios, así como en los puntos o tsubos en los que la concentración de la energía es especial, así como en los chakras. Estos meridianos responden a su vez, por mecanismo de comunicación refleja, a una serie de estímulos (presiones, masaje, gestos, posturas), incidiendo sobre los diferentes órganos con los que comunican.

Es por ello que a partir de toda una serie de manipulaciones muy precisas podemos incidir:
- A nivel orgánico; facilitando el aflujo de energía o descongestión de la misma.
- A nivel energético; favoreciendo que la energía penetre y fluya por todo el organismo.
- A nivel emocional; porque el cuerpo etérico estaría en mejores condiciones de “transportar” las emociones.
- También a nivel orgánico- vía el etérico-, facilitando el trabajo de eliminación de toxinas a partir del desbloqueo de las vías normales de eliminación.

No podemos olvidar la incidencia a nivel espiritual que esto puede tener, no sólo a nivel de la tan nombrada trasparencia, sino por la conexión que puede darse con energías cósmicas positivas en las actitudes de casi meditación que se utilizan en estas técnicas. Evidentemente esto depende fundamentalmente de la actitud con la que se aborden, más que de la técnica en sí.

No le veo mayor interés a extenderme ni sobre este tema ni sobre la biorespiración, ya que hay toda una bibliografía que puede consultarse en caso de interesarse en profundizar sobre ellas.

Debo añadir también que es forzoso reconocer que todas ellas son técnicas susceptibles de variaciones ligeras o profundas, ya que actúan a unos niveles muy poco conocidos todavía del ser humano. Sin embargo, lo mismo podría decirse de cualquier otra técnica o terapia que tome como sujeto a la persona. Es por ello que sería conveniente actuar siempre con un alto grado de prudencia en cuanto a la aplicación indiscriminada de diferentes terapias. Una de las cosas a cuestionarse muy seriamente sería cuál es el tipo de energía que se está movilizando en el organismo. Fuentes de información, aparentemente muy sólidas, parecen confirmar que no toda la energía que entra y sale de nuestro organismo es positiva. Es más, parece ser que pueden existir energías de muy baja vibración que pueden introducirse en nosotros y provocar procesos negativos o patológicos. No se trata sólo de que la energía circule. Es preciso que intentemos saber qué energía estamos utilizando, y que aprendamos a manejarla. Tarea harto difícil.

Parece haber un solo posible antídoto, de nuevo, que nos proteja de las consecuencias de la ignorancia: la energía amorosa.

EL AYUNO
La incidencia del ayuno se extiende a nivel de los cuatro cuerpos, ya sea de un modo directo o indirecto.

Su repercusión y mecanismo de funcionamiento a nivel físico está suficientemente descrito en toda la bibliografía sobre el tema, aunque aún quedan muchas lagunas por explicar. Sin embargo, ha sido también a este nivel donde más han profundizado los higienistas y naturistas que han investigado sobre el tema. Baste pues recordar que el estado de ayuno hace desplazarse las energías que normalmente se utilizan en la asimilación y la vida de relación, hacia la función de eliminación, con lo cual posibles depósitos tóxicos o de exceso de materia, desaparecen, o cuando menos, disminuyen por proceso de autolisis. Es así como a nivel puramente de materia el ayuno interviene de forma definitiva.

A nivel energético, y por el mecanismo que acabamos de explicar, produce cambios radicales en el ritmo metabólico, de modo que puede llegar a incidir hasta el punto de transformar determinados tejidos alterados, o bien órganos cuyas funciones estaban disminuidas o trastornadas, e incluso en el caso de un largo ayuno se pueden dar transformaciones de orden funcional, reorganizando todo un sistema de aparatos.

Paralelamente, se da un proceso espontáneo de aceleración del ritmo respiratorio, ayudando así a una mayor oxigenación. Esta mayor oxigenación también se da indirectamente a partir de la alcalinización de la sangre hacia el final del proceso. Por medio de esta hiper-oxigenación, se está incidiendo “alimentando” los canales energéticos. Éstos a su vez, al verse libres de toxinas o cuerpos extraños, pueden dejar fluir la energía mucho mejor. De este modo, al mismo tiempo que está mejorando el estado del cuerpo energético, estamos favoreciendo la manifestación fluida del cuerpo emocional.

Por otra parte, el simple hecho de reposar a todos los niveles, hace que se recupere mucha energía y el nivel de ésta aumente. Se constata también durante el tiempo de ayuno una sensibilización muy acrecentada a todo tipo de energías cósmicas (tierra, aire, sol, sonidos, etc.). Es decir, está en mejores condiciones de recargarse espontáneamente. Es pues claro, que el ayuno interviene a todos los niveles posibles que permite el funcionamiento del cuerpo energético.

Quisiera ahora, aunque sólo sea a título de complemento, dar la versión más esotérica de la repercusión del ayuno a nivel de cuerpo etérico.

Hablando sobre el hambre, dice Aivanofh: “Cuando dejamos al cuerpo con algo de hambre, el cuerpo etérico recibe una impulsión para ir a buscar en niveles superiores de vibración otros elementos que cubran sus necesidades. Sin embargo, cuando se come demasiado, el cuerpo etérico no puede asumir sus funciones, y mantener el equilibrio, es por eso que en ese momento, otras energías inferiores del plano astral, pueden actuar sin mucha resistencia por nuestra parte. Es por lo que, pocos minutos después de haber comido ansiosamente, volvemos de nuevo a sentir un “vacío”. El cuerpo etérico tiene por función sostener y recargar de energía al cuerpo físico. El ayuno da una impulsión tal al cuerpo etérico, que éste trabaja intensamente, mientras que el físico puede reposar. Cada acto negativo de nuestra vida deja en nosotros huellas y deshechos tóxicos que son eliminados durante el ayuno, ayudando así a nuestra purificación. Cuando privamos de alimento al cuerpo físico, son los cuerpos más sutiles los que se alimentan, y absorbemos el alimento de la atmósfera. Si en ese momento detenemos la respiración unos instantes, serán entidades del plano astral y mental las que nos alimenten. Es por ello por lo que aumenta, de modo espontáneo, el ritmo respiratorio en los ayunadores. Ayunar es también renunciar a “alimentarnos” de deseos y necesidades”.

A nivel del cuerpo psíquico el ayuno repercute a través del mecanismo espontáneo de oxigenación que hemos descrito anteriormente. Y no olvidemos que una parte del “cerebro emocional” se alimenta de oxígeno o se bloquea por ausencia o disminución de éste. La deducción es pues, inmediata.

Por otro lado, se ha constatado que durante el ayuno ocurre un fenómeno de “desconexión” espontánea del mental consciente, de modo que el cuerpo físico y emocional quedan en un estado de no-control o relajación máxima. Es en este estado que se dan frecuentemente crisis espontáneas y aparentemente inexplicables de llanto, cólera, alegría intensa, tensiones musculares máximas, y en fin, toda una manifestación muy acusada de la vida emocional. Pueden llegar incluso a darse imágenes mentales de nuestra vida pasada completamente enterradas en nuestro inconsciente hasta ese momento. De algún modo, se viven situaciones en las que te “visualizas” a ti mismo desde “fuera”, con una objetividad y claridad sorprendentes. Podría considerarse, como una especie de auto-análisis espontáneo.

Hay un factor a tener en cuenta para comprender también la repercusión sobre el nivel emocional del ayuno. El simple hecho de situarse en una situación en la cual no existe prácticamente ninguna de las “compensaciones” de orden físico, sensitivo o relacional que hay en la vida cotidiana, provoca un estado de ansiedad que puede desembocar en una ruptura del sistema de “defensa”. De algún modo, las puertas de “escape” que normalmente están abiertas son cerradas. Te encuentras solo ante ti mismo.

Y en fin, este tiempo en el que vives sólo contigo y para ti, te fuerza de alguna manera a mirarte profundamente y de un modo muy sutil. Pude ser vivido como un “alto en el camino” en el que se visualizan muchas cosas de uno mismo y del exterior que normalmente somos incapaces de ver, o nos escapamos ante ellas.

Podemos deducir, pues, que si el ayuno incide tan profundamente en cada uno de los tres cuerpos mencionados, su ayuda para hacer transparente el “cuerpo que se tiene”, es definitiva. Estamos pues, indirectamente ayudando a manifestarse al cuarto cuerpo, o ser esencial.

Y para hablar de los mecanismos a este nivel voy a recurrir a la descripción de la experiencia personal de alguien que ha vivido varias experiencias intensas de ayuno, y que a la vez, está en un camino de búsqueda espiritual. He aquí su interpretación :

“El ser humano funciona en su triple vehículo de manifestación: Físico-energético, Astral y Mental (espiritual). De estos vehículos de los que apenas conocemos la sustancialidad, conocemos al menos los efectos. Se les puede resumir como:
- C. físico-energético: funcionamiento metabólico.
- C. Astral: funcionamiento emocional.
- C. Mental-espiritual: funcionamiento de análisis consciente.

Cada uno de estos tres cuerpos está sometido a fuerzas específicas que se manifiestan como una pareja de fuerzas, que necesariamente crean un centro simbólico de gravedad. En función de este centro de gravedad, el hombre está más cerca de la naturaleza animal o de las fuerzas superiores. Yo he descubierto el Ayuno como un medio excelente para desplazar este centro de gravedad. Durante el ayuno, la materia es desestructurada , y si el mental tiene un objetivo de elevación espiritual, la reestructuración molecular se hace en el sentido de la orientación dada. Frecuentemente, este proceso requiere mucho tiempo, muchos ayunos repetidos. Después de muchos intentos repetidos, las fuerzas se invierten, el cuerpo físico se vuelve simplemente un medio de expresión, al servicio de un cuerpo emocional en el que el AMOR comienza a tomar su expresión cósmica, y el cuerpo mental se perfila como un instrumento de dirección que permite al ser humano tomar conciencia de su verdadera dimensión, de su verdadera naturaleza.

A partir de este momento otros fenómenos intervienen, que dejan entrever nuevos niveles de realidad insospechados, permitiendo al hombre viejo reconstruido, lanzarse sobre un camino de la más alta trascendencia”.

Hasta aquí este testimonio-reflexión personal. Son muchas las experiencias que me han ido llegando en ese mismo sentido. Tal vez con otro lenguaje, otras formas, otro ritmo en el proceso, pero casi siempre algo se repite: en casi todas ellas hay un “antes del ayuno” y un “después del ayuno”, como si realmente ese hubiera sido un momento de transformación. Evidentemente, esto varía mucho de una persona a otra, y es mucho más frecuente que ocurra en ayunos largos. Hay también el peligro de perderse en esta transformación, si no existen elementos interiores muy fuertes para establecer una nueva orientación, un objetivo muy claro en el sentido evolutivo, o una ayuda exterior muy definida. Es por ello, que al igual que las anteriores técnicas, la del ayuno es especialmente decisiva, y por ello la prudencia debe ser también especial.

Hay un sinfín de preguntas a hacerse, de puntos a profundizar, recortar, suprimir. Esto no es “inspirado por Dios”, como diría Eneko. Es sobre todo, una recogida de datos, un primer esbozo hacia un trabajo de análisis y síntesis, una hipótesis de trabajo que podría ser enriquecida a través del trabajo común. Y hay, evidentemente, muchas lagunas que llenar. Como posible esquema de trabajo, creo que puede ser válido. Veo incluso unos lazos muy claros entre los diferentes datos que nos han ido llegando: cursos de trabajo evolutivo, Casanova, experiencias personales, terapias,... Hagamos el puzzle.

Quisiera acabar recordando un fragmento ya escrito de Durckheim:

“La conciencia corporal orientada hacia el camino iniciático debe decidir sobre las exigencias físicas compatibles con la transparencia del cuerpo que se es. Esta misma conciencia marca el ritmo de sueño y de vigilia, lo que se debe comer o beber, así como la cantidad y forma de actividades físicas. Sobre todo esto no existen normas rígidas. Quien emprende el camino, debe él mismo adaptar, con flexibilidad, su conducta corporal a la etapa en la que se encuentre, y al umbral que debe atravesar para llegar al “siguiente escalón”.

Maria Fuentes. 1985. Barcelona.